Fotografía de viaje

Las artes se parecen. Se complementan, y mi teoría es que las reglas que aplicas para escribir bien, funcionan también para hacer buena fotografía. En el caso que nos ocupa, me refiero a tomar buenas fotografías en tus viajes. Fotografías que cuenten una historia. La tuya y ¿por qué no? la de aquellos que te acompañaron. Las aventuras, los encuentros normales, extraños, agradables y los no tanto. Encuentros cercanos o lejanos. En fin, todo lo que sucede en un periplo de aquellos y que al regresar quieres contar. La idea es que lo refieras a través de tus fotografías.

De eso va a tratar este articulo. Nos basaremos en aquello que se estipula para escribir crónicas de viajes y lo adaptaremos al contexto fotográfico. Estoy haciendo la suposición de que eso es lo que quiere hacer quien lee esto y basándome en esa suposición paso a hacer mis recomendaciones:

Lo primero es: Haz tu tarea. Si creías que al irte de viaje y colocar en una maleta ropa caliente o no, ropa para hacer deporte o no, libros, regalos, cámara (¿en la maleta?), lentes, memorias, de repente un visor, laptop, cables, tener listo pasaporte, dinero, reservaciones hoteleras y todo aquello era lo único que necesitabas, pues estás equivocado. Si quieres tomar fotos que cuenten un viaje de forma interesante, no sólo tienes que tener en cuenta todo lo anterior sino que además, tienes que hacer una investigación detallada y minuciosa.

¿Vas a visitar Paris? ¿Cuáles son los lugares emblemáticos? ¿Te interesa el Louvre, los Campos Elíseos? Si tu respuesta es positiva entonces tienes que revisar qué fotografías han hecho otros antes que tú y decidir qué tipo de imagen quieres hacer. ¿Quiere simplemente registrar el momento como recordatorio para, digamos, saber que estuviste? ¿O de repente sabes que la Torre Eiffel es ese algo que de seguro te impresionará hasta quitarte el sueño? Tendrás entonces que buscar el ángulo correcto; ese que le muestre a tus “lectores” que ese monumento en particular hizo “¡¡wow!!” en ti y la mejor manera de lograr eso es ver el efecto que produjo estar ahí a otros fotógrafos y cómo resolvieron ese reto. Puede que no te inspiren sus imágenes pero al menos ya sabrás cómo no hacer esa toma en específico. De las cosas que no nos gustan también aprendemos y tu mente tiene que estar abierta a decir: “Bueno, he visto estas fotografías de Ansel Adams y estas otras de Robert Capa; no me impresionan demasiado. Lo haré diferente. ”

El hecho es que te recomiendo ampliamente ir a Google y mirar imágenes hasta que los ojos se te pongan cuadrados y tengas que usar lágrimas artificiales porque los condenados se sienten como lijas al cerrarse de tanto tiempo que estuviste al frente del monitor. Eso vale tanto para un viaje como para inspirarte en tu trabajo cotidiano.

Todo esto no significa que tendrás planeado tu excursión fotográfica hasta el último de los detalles. La espontaneidad y la captura del momento es algo no solo deseable, sino mandatorio, pero el tener imágenes de otros dentro de tu cerebro puede ayudarte en esos momentos en que estás, por decirlo, en Picadilly Circus y casi te atropellan y haces un inconsciente download de ese contenido y muy probablemente como resultado, no sólo tuviste la inspiración sino la presencia de ánimo suficiente para hacer algo distinto.

Un “buen cronista” es curioso, observador, sabe que una imagen (y aquí entro en modo cliché) “vale mil palabras” y tiene que estar con las antenas bien puestas todo el tiempo; No debe tenerle miedo a ser voyerista, a entrometerse un poco en la vida de los demás, a buscar situaciones de alguna manera insólitas; atreverse a conversar con el desconocido; a salir de su zona de confort, a volver una y otra vez al mismo sitio hasta conseguir lo que quiere y ya que me metí con aquello de volver al mismo sitio, quiero introducir,

saltándome los órdenes establecidos en mi planificación, otra regla: Aléjate de tu grupo.

Eso suena un poco duro. Pero a menos que vayas en una expedición netamente fotográfica, si viajas con tus amigos y/o familia van a querer hacer una fogata con “!ese maldito aparato!” mientras bailan alrededor de las llamas muy poco después de haber llegado a tu destino soñado. ¿Qué hacer? Levántate más temprano que todo el mundo y sal con tu cámara. Tómate hora y media y ve con calma sabiendo que no tendrás fotos borrosas culpa de la licuadora en la que se convirtió el autobús en la que todos iban conociendo la ciudad. O disfruta de la tranquilidad de no tener a tu pareja pidiéndote que te apures que ya los demás están tres o cuatro cuadras adelante y “caramba, esta calle no era. ¿Viste? Nos dejaron atrás porque tienes ese aparato pegado al ojo y ahora ¿que hacemos?, ¿tienes euros para tomar un taxi? ¿Queeé? ¿No sabes cuál es el hotel?” Bueno. Ya sabes lo que sigue.

Sólo levantándote muy temprano en la mañana y sacrificando tus amados huevos benedictine puedes tener la calma necesaria para que tus ojos entren en calor. Tómate tu tiempo para esos momentos en que sacas la cámara, tienes todos los parámetros listos, el lente es el correcto y una luz buenísima, esos momentos en que tus ojos saben que salieron a trabajar y que pueden ser interminables; sólo cuando a ellos les da la gana de funcionar fotográficamente puedes captar cosas interesantes para ti, como las imágenes que acompañan este artículo, que tomé después de merodear cerca de veinte minutos sin que nadie ni nada interesante se presentara.

Para cerrar y en línea con eso de atreverse a salir de tu zona de confort, Kavafis y su poema “Itaca”:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
Pide que el camino sea largo
Lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
Ni al colérico Poseidón,
Seres tales jamás hallarás en tu camino,
Si tu pensar es elevado,
Si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
Ni al salvaje Poseidón encontrarás,
Si no los llevas dentro de tu alma,
Si no los yergue tu alma en ti.

Hasta la próxima.

Fuente: DeTodoUnFoco.co

 

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